En Santiago de Cali (Colombia), es común escuchar que no cualquiera entra al oriente de la ciudad. La zona es vista como peligrosa y para muchos es un lugar perdido entre la delincuencia y la pobreza. Christian y Daniela son dos artistas que viven y crean desde el oriente de Cali. Por medio del Hip Hop, afrontan los estigmas sociales y le ponen ritmo a sus versiones de futuro.
En 1970, el Bronx, condado de Nueva York, enfrentaba una fuerte crisis económica y un aumento de la criminalidad que golpeó, como suele suceder, a las capas media y baja de la sociedad. La crisis produjo desplazamientos, negocios en quiebra y, por ende, la precarización de las condiciones de vida de los habitantes del sector. En medio de ese panorama desalentador se gestó un cambio cultural que daría lugar a una cultura urbana: el Hip Hop. ¿Quiénes estaban detrás de este nuevo movimiento? Las comunidades afroamericanas, afrocaribeñas y latinas.
Pero, ¿cómo llegó esta cultura urbana a Colombia, específicamente a Cali? Según el psicólogo social James Cuenca, los primeros avistamientos se dieron en los encuentros de Break Dance desarrollados en la ciudad por los jóvenes blancos de clase media, quienes tuvieron acceso a películas como Beat Street y comenzaron a bailar breaking. Por otro lado, el rap llegó al Distrito de Aguablanca a finales de la década de 1980, cuando jóvenes afrodescendientes del puerto de Buenaventura llevaron casetes y discos de acetato con música rap que les regalaban familiares o amigos suyos recién llegados de Estados Unidos.
Con el tiempo, el Hip Hop tomó fuerza en Cali, en especial al interior de los sectores populares que lo conectaron con su arraigo al barrio, las luchas sociales y los estigmas que enfrentaban a diario. En el oriente de Cali hay muchas historias de artistas que, a través del Hip Hop, se resisten a la marginalización que recae sobre su territorio y tratan de construir proyectos de vida desde el arte; para conocerlos, sólo hace falta esquivar los estereotipos y escuchar.